Yo antes, yo ahora: 5 verdades esenciales que me diría a mí misma
Para empezar: que no te asustes, con lo que te voy a dcir yo antes yo ahora
Sé que eso suena exactamente a lo que diría alguien a punto de decirte algo que te va a asustar. Pero en serio. No te asustes.
Cuando pienso en yo antes y yo ahora, la diferencia no está donde esperaba. No está en las decisiones grandes. Está en lo de entremedio. En todo lo que hice mientras fingía que no estaba pasando nada.
Estoy aquí intentando imaginarme cómo eres ahora, y lo único que me sale es que seguramente estás más cansada de lo que aparentas. Que tienes más claridad de la que crees, pero también más miedo del que reconoces. Y que sigues haciéndote la misma pregunta de siempre con palabras distintas.
Eso no ha cambiado. Por si te sirve de algo.
El desastre ordenado que era yo antes yo ahora no soy
Yo era un desastre bastante ordenado. Tenía todo colocado en cajones: esto es mío, esto no lo toco, esto lo guardo para cuando sea el momento. El problema es que el momento nunca llegaba. O llegaba y yo miraba para otro lado porque no estaba preparada. O porque daba miedo. O porque era más cómodo dejar las cosas donde estaban, aunque estuvieran mal puestas.
Tú ya sabes de qué te estoy hablando.
No me refiero a nada concreto. Me refiero a todo.
Hubo un momento — y sé que tú lo recuerdas aunque no lo pienses mucho — en que decidí que quería ser la persona que hacía las cosas. No la que las planificaba. No la que las soñaba. La que las hacía. Y eso pareció muy valiente desde fuera pero por dentro fue principalmente terror.
Puro terror con buena postura.
Me costó entender que hacer las cosas con miedo no las hace menos reales. Que no existe una versión de ti misma que lo hace todo desde la calma y la certeza. Esa versión no existe. La inventamos para tener algo que perseguir.
Donde yo antes metía más la pata
Te diría que te equivocaste en algunas cosas. Pero no de la forma en que crees.
No me refiero a las decisiones grandes. Las decisiones grandes casi siempre tienen su lógica, aunque duela. Me refiero a las pequeñas. A las veces que no dijiste lo que pensabas porque no era el momento. A las veces que te quedaste quieta esperando que alguien adivinara lo que necesitabas. A las veces que te convenciste de que no te importaba algo que sí te importaba, porque era más fácil.
Eso. Ahí es donde metí más la pata.
Lo que el burlesque me enseñó sobre yo antes y yo ahora
El burlesque me enseñó algo que tardé en entender del todo.
Cuando estás encima de un escenario, con todas las personas mirándote, no hay ningún sitio donde esconderse. Y eso que pensabas que iba a ser lo más aterrador del mundo resulta que es lo más limpio. Porque o estás ahí, de verdad, o no estás. No hay término medio. No puedes hacer como que estás si no estás.
En el resto de la vida me costó mucho más aprenderlo.
Seguía fingiendo que estaba presente en sitios donde no estaba. Seguía diciendo que sí a cosas que no quería. Seguía construyendo versiones de mí misma para distintas audiencias como si fuera un número de vestuario diferente para cada escena.
Hasta que dejé de tener energía para eso.
No sé si tú ya has llegado ahí. Espero que sí. Es agotador.
Las cosas que no voy a decirte
No te voy a decir que todo pasa por algo, porque eso es mentira o como mínimo no lo sé. No te voy a decir que el dolor enseña, porque a veces el dolor solo duele y ya. No te voy a decir que eres suficiente, porque eso se lo dice todo el mundo a todo el mundo y ya no significa nada.
Lo que sí te digo es esto: hay una versión tuya que ya sabía lo que quería. Que ya lo sabía desde antes de que fuera conveniente saberlo. Y que lo fue aplazando por mil razones que parecían razonables.
Esa versión tenía razón.
No siempre. Pero en las cosas que importaban, sí.
El único consejo real: confía antes
Si pudiera darte un solo consejo — y esto sí lo digo en serio, sin adornos —, sería que confíes antes.
No más. No con más personas. Antes.
Confía en lo que sientes antes de buscarle la explicación. Confía en lo que no te gusta antes de convencerte de que sí te gusta. Confía en lo que te pide el cuerpo antes de preguntarle permiso a nadie.
La diferencia más grande entre yo antes y yo ahora es esa. Que ahora confío antes. Aunque luego me equivoque. Aunque no haya garantías.
Yo tardé demasiado.
Tú todavía estás a tiempo de no hacerlo.
Y oye — que te veo.
Aunque estés hecha un lío. Aunque no tengas respuesta para la mitad de las preguntas. Aunque algunos días no reconozcas del todo a la persona que eres.
Te veo.
Y me gusta bastante lo que veo.
