Qué aprendí actuando en burlesque: las importantes lecciones que solo da el escenario
Hay cosas que no se aprenden en clase.
No importa cuántas horas lleves ensayando. No importa si te sabes la coreografía con los ojos cerrados. Hay lecciones que solo aparecen cuando estás ahí — con el foco encima, la música sonando y el público delante.
Estas son las mías.
Lo que aprendí actuando en burlesque: dentro del escenario eres la única que existe
La primera vez que lo sentí de verdad fue en el show de los Aristogatos.
Íbamos disfrazadas de gatas. La canción, el grupo, el vestuario — todo funcionaba. Y en algún momento del número pasó algo que no había sentido igual antes.
Desaparecí.
No yo — desapareció todo lo demás. El corsé que me apretaba. Los nervios de antes de salir. La lista mental de cosas que podían salir mal. Todo eso se fue.
Y lo que quedó fui yo. En el centro. Sin disculpas.
En el escenario eres el centro del universo. No de manera arrogante — de manera completamente natural. Las luces te apuntan a ti. La música es para ti. El público mira hacia ti. Y tu único trabajo es estar ahí, presente, sin escaparte a ningún otro sitio.
Eso no te lo enseña nadie. Lo aprende tu cuerpo solo, encima del escenario.
Lo que nadie te cuenta sobre actuar con otras personas
Actuar en grupo tiene su propia lección.
Cuando estás sola en escena, toda la responsabilidad es tuya — y eso es liberador a su manera. Cuando estás con otras, la energía se multiplica. Lo que hace la persona de al lado te afecta. Su presencia te da o te quita.
En el show de los Aristogatos éramos varias gatas. Y había algo en esa complicidad — en saber que no estabas sola bajo el foco — que cambiaba completamente cómo te movías.
No te sientes más pequeña. Te sientes más grande.
La lección del corsé
Esto nadie lo dice en ningún sitio y yo lo pienso cada vez que actúo.
En el show de los Aristogatos, mientras estaba en escena siendo una diosa con orejas de gata y medias de red, había una parte muy pequeña de mi cerebro pensando una sola cosa:
Dios mío, que me quiten pronto el corsé.
Y eso es burlesque también.
La magia y la incomodidad al mismo tiempo. La presencia total y el corsé apretando. Sentirte poderosa e invencible mientras una parte de ti cuenta los minutos para quitarte la ropa.
Nadie actúa en condiciones perfectas. Nadie está completamente cómoda. Y aun así — o quizás por eso — funciona.
Lo que se queda cuando bajas del escenario
Pensé que la sensación desaparecería en cuanto bajara.
No desapareció.
No toda. Algo se quedó. Una forma diferente de caminar. De ocupar el espacio. De mirar a la gente sin apartar los ojos primero.
El escenario te entrena en algo que no tiene nombre exacto — una presencia que se filtra en el día a día aunque no haya focos ni música. No de manera exagerada. Solo como un recordatorio de que sabes hacerlo. De que ya lo has hecho.
Y eso no se va. Nunca se va
Si quieres saber cómo fue el principio de todo esto, en este blog cuento cómo elegí mi personaje de burlesque y por qué el nombre Lady Xana lo cambia todo encima del escenario.
Y si estás en tus primeras clases y te preguntas si esto que describes tiene nombre, el artículo sobre burlesque en la Wikipedia en español da contexto sobre por qué este arte trabaja exactamente eso — la presencia y la identidad escénica.
«En el escenario solo existes tú. El corsé aprieta igual, pero eres una diosa.» — Lady Xana
