burlesque y pandemia

Burlesque y pandemia: cuando el silencio pesaba más que los tacones

El burlesque y pandemia fue una combinación que nunca imaginé escribir en mi propio diario. Si me lo hubieran dicho antes, habría soltado una risa nerviosa, de esas que uso cuando algo me parece imposible. Pero pasó. Y de qué manera.

Recuerdo perfectamente el último show antes de que todo se detuviera. No fue especialmente brillante, ni especialmente desastroso. Fue… normal. Y ahora daría lo que fuera por volver a ese tipo de normalidad sin saber lo que venía después.

Esa noche me quité los guantes lentamente, como siempre, sintiendo esa mezcla de poder y juego que tanto me gusta del burlesque. El público respondió, hubo risas, aplausos… lo de siempre. Lo que no sabía es que ese “lo de siempre” estaba a punto de desaparecer.


Cuando el burlesque y pandemia se convirtieron en una pausa incómoda

Los primeros días fueron raros. No te voy a mentir: incluso me vino bien parar. Dormir más, no vivir con la maleta a medio hacer, no tener que revisar mil veces si llevaba las pestañas postizas o el pegamento correcto.

Pero esa sensación duró muy poco.

El silencio empezó a pesar.

No sé si te ha pasado alguna vez, pero cuando estás acostumbrada a escenarios, a luces, a música… el vacío no es tranquilo. Es incómodo. Es como si algo dentro de ti se quedara en pausa pero sin saber cuándo volverá a moverse.

De repente, el burlesque y pandemia dejó de ser algo temporal en mi cabeza. Empezó a sonar a “¿y si esto se acaba aquí?”

Y esa pregunta… uff.

Esa pregunta me acompañó más de lo que me gustaría admitir.


Mi habitación no era un escenario (y yo lo sabía)

Intenté adaptarme. Todas lo hicimos, en mayor o menor medida. Ensayos en casa, grabaciones improvisadas, ideas de shows online…

Pero hay algo que nadie dice lo suficiente: el burlesque necesita público.

No solo por los aplausos. No solo por la validación. Es una energía compartida. Es ese momento en el que sientes que estás conectando con alguien al otro lado, aunque no le conozcas de nada.

Bailar sola en mi habitación, con el móvil apoyado en una pila de libros… no era lo mismo,no había público al otro lado, ni esa energía que convierte un show en algo vivo

Había días en los que me vestía con corsé solo para no olvidar quién era. Y otros en los que ni siquiera me apetecía mirarme al espejo.

Y ahí apareció otra emoción: la duda.

¿Sigo siendo artista si no actúo?

Sé que suena dramático, pero fue real.


El miedo que no enseñamos en el escenario

Siempre hablamos del glamour, del brillo, del lipstick perfecto. Pero el burlesque y pandemia también trajo algo más crudo: miedo.

Miedo a que los locales no volvieran a abrir.
Miedo a que el público desapareciera.
Miedo a que nosotras mismas cambiáramos demasiado como para volver.

Me acuerdo de una tarde concreta, sentada en el suelo del salón, rodeada de plumas, lentejuelas y medias de rejilla. Todo mi mundo estaba ahí, pero completamente detenido.

Pensé: “¿Y si esto se queda como un recuerdo bonito?”

Y me dolió. Mucho más de lo que esperaba.

Porque el burlesque no es solo algo que hago. Es una parte de cómo me entiendo a mí misma.


Pequeñas luces en mitad del caos

No todo fue oscuro. Y esto es importante decirlo, aunque cueste.

Hubo momentos pequeños que me salvaron un poco.

Una videollamada con otras artistas, riéndonos de nuestros intentos fallidos de grabar coreografías.
Un mensaje de alguien que había visto uno de mis vídeos antiguos y me decía que le había alegrado el día.
La primera vez que volví a poner música y, sin pensarlo demasiado, empecé a moverme.

Ahí entendí algo.

El escenario no había desaparecido del todo. Se había transformado.

Y aunque el burlesque y pandemia parecía una historia triste, también estaba dejando espacio para algo nuevo. Más íntimo. Más honesto.

Si te interesa esa parte más personal del proceso creativo, lo conté también en mi primer show, porque curiosamente volví a sentir nervios parecidos… pero en mi propio salón.


Redescubrirme sin público

Esto fue lo más difícil y, al mismo tiempo, lo más bonito.

Sin público, sin aplausos, sin validación externa… me quedé sola conmigo.

Y no siempre me caí bien.

Pero poco a poco empecé a disfrutar de cosas que antes pasaban desapercibidas. El sonido de las medias al deslizarse, el peso de un corsé bien ajustado, la sensación de crear algo solo porque sí.

No porque alguien lo fuera a ver.

Ahí encontré una versión de mí más suave. Menos perfecta. Más real.

Y curiosamente, más conectada con lo que significa el burlesque de verdad. No como espectáculo, sino como expresión.

Si alguna vez has sentido algo parecido, creo que también conecta mucho con lo que escribí en que es el burlesque, aunque en ese momento no sabía que lo iba a vivir de esta forma.

Hubo días en los que me obligaba a mantener pequeñas rutinas.
Encender una luz cálida, elegir música, caminar por casa como si fuera un escenario improvisado.

No era lo mismo. Ni de lejos.

Pero me ayudaba a no perder del todo esa parte creativa, esa sensación de estar contando algo con el cuerpo, aunque no hubiera espectáculo, ni aplausos, ni nadie más que yo.

Y en ese silencio raro… también descubrí cosas.

Descubrí que el burlesque seguía ahí, incluso sin escenario.


Volver (aunque nada fuera igual)

Cuando poco a poco los escenarios empezaron a regresar… yo ya no era exactamente la misma.

Había miedo, sí. Pero también había una especie de ilusión tímida. Como cuando vuelves a ver a alguien después de mucho tiempo y no sabes si abrazarle o quedarte quieta.

El primer show después de todo aquello fue extraño. Emocionante, pero raro. Había distancia, había normas, había cosas que rompían la magia… y aun así, cuando empezó la música, algo dentro de mí hizo clic.

Ahí estaba.

No igual que antes. Pero vivo.

Y yo también.

El burlesque y pandemia no me lo quitó todo. Me quitó certezas, sí. Me obligó a cuestionarme muchas cosas. Pero también me enseñó que esto no depende solo de un escenario.

Depende de cuánto estás dispuesta a sostenerlo cuando todo se para.


Cierre: lo que quedó después del silencio

Si te soy sincera, todavía hay días en los que echo de menos cómo era todo antes. Esa ligereza, esa seguridad de que el próximo show siempre estaba ahí, esperándome.

Pero también hay algo nuevo.

Una especie de calma que antes no tenía. Una confianza más profunda, menos ruidosa.

El burlesque sigue siendo brillo, juego, provocación… pero ahora también es resistencia.

Y si algo me dejó claro el burlesque y pandemia, es que incluso cuando se apagan las luces, hay algo que sigue encendido dentro.

Y eso… eso no hay pandemia que lo apague.

Nos leemos pronto. Con plumas, con dudas… y con ganas.

Publicaciones Similares