mujer barbuda burlesque con falda amarilla de lentejuelas turbante rojo y barba negra sosteniendo bola de discoteca en Halloween

Mujer Barbuda Burlesque: la vez que nadie se atrevía y yo cogí la barba

Hay una foto mía que me encanta de una forma que no sé muy bien cómo explicar. Salgo con barba negra enorme, turbante rojo, falda de lentejuelas amarillas y una bola de discoteca entre las manos. El fondo es una mansión de Halloween con velas, telas de araña y calabazas por todas partes. Y mi cara tiene esa expresión seria, casi solemne, de quien sabe perfectamente lo que está haciendo aunque lo que está haciendo sea completamente absurdo.

Esa tarde, la mujer barbuda burlesque entró en mi vida sin avisar. Y me quedé con ella.


Cómo llegué a ponerme una barba en una clase de Halloween

La idea era celebrar Halloween haciendo clase disfrazadas. Nada muy elaborado. Llegamos a clase, que ya estaba decorada con telas de araña, velas encendidas, calabazas y toda la parafernalia de rigor, y empezamos a disfrazarnos allí mismo.

Eso es importante. No llegué ya disfrazada de casa. Llegué con una bolsa, con cosas a medio decidir, con la falda dorada de lentejuelas que sabía que iba a usar pero sin tener muy claro qué iba a hacer con el resto. El disfraz se construyó allí, sobre la marcha, entre risas y el caos habitual de una tarde en el estudio.

Y en algún momento de ese caos, apareció la barba.

Una barba negra, larga, absolutamente desproporcionada. De esas que cuando te las pones te tapan media cara y parte del pecho. La profesora la sacó de una bolsa y preguntó, con esa energía de quien ya sabe que se va a armar, si nadie se atrevía a ponérsela.

Silencio.

Dos segundos de silencio.

Y yo la cogí.


La mujer barbuda burlesque no es solo un disfraz gracioso

Podría contarte que lo hice por hacer el tonto, por la gracia del momento, por llenar ese silencio incómodo. Y algo de eso había. Pero también había otra cosa.

Porque la mujer barbuda tiene una historia dentro del mundo del espectáculo que va mucho más allá de un disfraz de Halloween. Formaba parte de esos shows de variedades donde lo diferente no se escondía sino que se ponía bajo el foco y se aplaudía. Puedes leer algo sobre esa tradición en la Wikipedia sobre espectáculos de fenómenos y te prometo que te va a enganchar más de lo que esperas.

El burlesque viene exactamente de ahí. De coger lo que se supone que hay que disimular y convertirlo en el número más aplaudido de la noche. La mujer barbuda burlesque no es una rareza ni un chiste. Es casi un símbolo. Es la figura que dice: aquí estoy, puede que te incomode un poco, y aun así soy la más glamurosa de la sala.

Cuando me puse esa barba con mi falda de lentejuelas y mi turbante rojo, no pretendía hacer ninguna declaración. Pero mientras me miraba al espejo, algo encajó. Era ridículo y era perfecto a la vez. Era exactamente lo que el burlesque lleva haciendo desde siempre.

Si te interesa perderte un rato en los archivos de los espectáculos de variedades de principios del siglo XX, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos tiene fotografías que son una maravilla absoluta.


Hacer burlesque con barba tiene su complicación técnica

No os voy a engañar. La barba se mueve. Se mete en la boca. En algún giro me tapó los ojos completamente y seguí moviéndome porque el show debe continuar, que en el burlesque no es una frase bonita sino una instrucción muy literal.

Pero pasó algo curioso. Llevar algo tan exagerado encima me dio una especie de personaje tan definido, tan rotundo, que me solté más de lo habitual. Cuando ya llevas una barba negra gigante y un turbante rojo con una falda de lentejuelas amarillas, ya estás del otro lado. Ya no hay nada que perder. Lo único que puedes hacer es comprometerte al cien por cien y disfrutarlo sin reservas.

Y eso hice.

Cogí la bola de discoteca que había por ahí. Me planté delante del espejo. Me miré durante un segundo con toda la seriedad del mundo. Y empecé a moverme.

Hay algo muy liberador en ponerse algo completamente absurdo con total convicción. Es una de esas cosas que el burlesque te enseña poco a poco, que no necesitas ser lo que se espera de ti para ser la más interesante de la sala. Esa tarde, con barba y todo, lo entendí de una forma nueva.


La foto que me guardo para siempre

Cuando hicimos la foto, con todo el decorado de Halloween detrás, las velas, las telas de araña, las calabazas iluminadas, algo salió bien de una forma que no estaba planeada.

No hay posado estudiado. No hay filtros. Hay una mujer con barba enorme, falda dorada, turbante rojo y medias de rejilla sosteniendo una bola de discoteca con una expresión absolutamente seria. Y detrás, una mansión oscura que parece sacada de otra época.

Me encanta esa foto porque soy completamente yo. No la versión pulida ni la versión preparada para una actuación. Soy yo jugando, probando, siendo ridícula con toda la dignidad del mundo. Y eso, para mí, es burlesque en estado puro.


Lo que me llevé a casa además de los recuerdos

Que los mejores momentos no siempre están en el guión.

Que cuando alguien pregunta quién se atreve, la respuesta correcta es levantarse.

Que la mujer barbuda burlesque lleva décadas diciéndonos algo que todavía nos cuesta escuchar: que no hay un solo tipo de cuerpo, de cara, de presencia que merezca estar bajo el foco. Que el glamour no tiene un único formato. Que puedes ponerte una barba enorme, unos zapatos de tacón, una falda que brille desde el otro lado de la calle, y ser exactamente quien quieres ser.

Esa tarde en el estudio me lo recordó de la forma más inesperada y más divertida posible.

La próxima vez que aparezca una barba, ya sabéis quién va a cogerla.

¿Quieres saber más sobre los personajes y la historia detrás del burlesque? Te dejo historia del burlesque para que te pierdas un rato. El resto del diario te espera aquï

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