Peinados pin up: el taller online que me salvó durante el confinamiento
Hay cosas que no sabes que necesitas hasta que las tienes delante. Esto me pasó con los peinados pin up en plena pandemia. El mundo entero paralizado, yo en casa con el pelo recogido en un moño de andar por casa, sin actuaciones, sin camerino, sin escenario… y de repente, una pantalla encendida y una profesora al otro lado dispuesta a enseñarme a ponerme rizos de los años cincuenta en el salón de mi casa.
Suena casi ridículo, ¿verdad? Pero te juro que fue una de las experiencias más bonitas de todo aquel año raro.
Lo que el confinamiento le hace a una artista burlesque
No voy a dramatizar demasiado porque tampoco soy de esas, pero sí te digo que el confinamiento me pilló en un momento en el que el burlesque era ya una parte tan grande de mi vida que quitarlo de golpe fue… desconcertante. No solo los shows, sino el ritual completo: preparar el vestuario, maquillarme con calma, elegir las joyas, peinarme. Todo eso que para mucha gente puede parecer vanidad, para mí era mi forma de conectar conmigo misma.
Sin eso, me sentía un poco sin anclaje.
Empecé a buscar formas de mantener viva esa llama. Talleres online, tutoriales de YouTube, grupos de burlesque en redes sociales… Y fue así como llegué al taller de peinados pin up. Una formación completamente online, con una profesora especializada en estética vintage al otro lado de la cámara, y yo aquí, con mi pelo, mis horquillas, y mi radiador de fondo.
La primera vez que intenté un peinado pin up yo sola
Antes de apuntarme al taller, lo había intentado por mi cuenta. Había visto tutoriales, me había comprado una redecilla para rizos, tenía hasta los rulos de espuma que siempre me habían dado una pereza horrible. El resultado fue… bueno, digamos que tenía más de mujer que acaba de levantarse de una siesta que de pin up de los años cuarenta.
Me reí mucho sola delante del espejo. Pero también me frustré un poco.
Porque los peinados pin up tienen su técnica. No es solo poner rulos y ya. Hay un orden, una tensión en el cabello, una forma de enrollar que marca la diferencia entre un rizo que dura dos horas y uno que aguanta todo el día. Eso no se aprende viendo un vídeo a 1,5x de velocidad mientras comes tostadas.
El taller online: una pantalla, dos manos y mucha paciencia
Me apunté con bastante escepticismo, la verdad. No era la primera vez que hacía un taller online durante la pandemia y la experiencia había sido desigual. Algunos muy bien, otros una pérdida de tiempo con mala conexión y una profesora que no sabía muy bien cómo manejar el formato.
Este fue distinto.
La profesora era cercana, detallista, y tenía una habilidad especial para ver a través de la cámara lo que estabas haciendo mal. Me decía cosas como «espera, gira la cabeza un poco hacia aquí» o «ese mechón te lo estás enrollando al revés, prueba desde abajo». Y funcionaba. Yo, en mi salón, con el portátil apoyado encima de una silla para que me enfocara bien la cabeza, repitiendo cada paso con una concentración que hacía semanas que no ponía en nada.
Fue un taller de peinados pin up, sí. Pero también fue algo más.
Fue la primera vez en mucho tiempo que me arreglé sin tener adónde ir. Me puse mi vestido rojo de lunares, me pinté los labios, me hice los rizos según las indicaciones de la profesora, y me quedé sentada en la silla del comedor sintiéndome completamente yo misma.
Nadie me iba a ver. No había show. No había público. Pero estaba ahí, entera.
Lo que aprendí más allá del rulo
El burlesque me enseñó hace años que el glamour no es para los demás. Eso lo tenía claro en teoría. Pero el confinamiento me lo demostró en la práctica.
Aprenderme la técnica de los peinados pin up en ese contexto tan extraño me recordó que el ritual de arreglarse tiene un valor en sí mismo. No porque te vayan a ver, no porque tengas que estar guapa para alguien. Sino porque ese momento frente al espejo, con los dedos enredados en el pelo y la música de fondo, es tuyo. Completamente tuyo.
Me acuerdo de que ese día, después del taller, me hice unas fotos sola en casa. Con el temporizador del móvil, apoyado en una pila de libros. Las fotos no eran gran cosa técnicamente, pero salgo en ellas con una sonrisa que hacía mucho que no me veía.
Eso no tiene precio.
Si te interesa entender un poco más de dónde viene toda esta estética que tanto me apasiona, la historia del pin up y su evolución es fascinante. Y si quieres profundizar en el mundo del burlesque como arte y performance, la entrada de Wikipedia sobre burlesque tiene bastante contexto histórico que me parece muy útil.
Peinados pin up en casa: lo que me quedó de aquella experiencia
Desde ese taller no he parado. Los peinados pin up se han convertido en parte de mi rutina habitual, tanto para shows como para días normales en los que simplemente me apetece sentirme así. He perfeccionado los rizos laterales, he aprendido a hacer el famoso victory roll que al principio me daba una vida, y he descubierto que con los accesorios adecuados puedo transformar cualquier peinado básico en algo que parece sacado de una fotografía de los años cincuenta.
Si tú también estás pensando en aprender, te digo lo mismo que me dije a mí misma antes de apuntarme: hazlo. No esperes a tener el pelo perfecto, ni los rulos correctos, ni el espejo grande. Empieza con lo que tienes. La gracia del pin up siempre ha sido esa, que es accesible, que es tuyo, que lo puedes hacer en tu cocina con música de Peggy Lee de fondo.
Y si algún día organizamos un taller así por aquí, te aviso. Porque esa experiencia me enseñó que aprender glamour en pantuflas también tiene su magia.
Cuéntame, ¿tú también te pusiste a aprender cosas raras durante el confinamiento? Me muero de ganas de saber. 💋
